Segovia-La Pinilla en autosuficiencia

El sábado día 21 hizo un año de mi primera carrera de ultra resistencia, coincidiendo con una nueva edición de la carrera Madrid Segovia. Ya que este año había descartado volver a participar pero me apetecía “celebrarlo” por todo lo alto, planeé una ruta para intentar llegar a la estación de esquí de La Pinilla, en el valle de Riaza desde Segovia, intentando aprovechar al máximo la Cañada Real Soriana, caminos alternativos y montaña, evitando pisar la la carretera nacional lo mínimo posible, en una ruta de aproximadamente 75 kilómetros. ¿Queréis ver como fue?

Lo más importante era la elección de la ruta y los horarios, y también lo que más quebraderos de cabeza me dio. Para llegar a mediodía con margen necesitaba salir de madrugada la noche del 21, aprovechando también la casi luna llena, de las más grandes del año, que me ayudarían a ver por la noche. Debía evitar durante las horas nocturnas terrenos complicados y muy alejados de las poblaciones por si surgía algún problema, asique la estrategia consistiría en hacer el mayor número posible de kilómetros “cerca” de la carretera y poblaciones por cañada real y caminos hasta que empezase a amanecer, bien entradas las 7 de la madrugada.

Ya que no tenía nada ni nadie con quien hacerme una idea del tiempo que podría tardar, la hora de salida la fijé para las 2 de la madrugada, considerando que tenía margen para aprovechar bien la noche y llegar con tiempo si me perdía o había algún percance. Una vez planeada la ruta y los horarios tocaba preparar qué me iba a llevar encima, considerando que esta vez no habría avituallamientos y que el planteamiento principal era utilizar únicamente tanto el agua como los alimentos que yo llevase encima, sin depender en principio de nada ni nadie más.

Contenido Mochila:

– 3 Litros de agua (1,5 litros en la camelbak y medio litro en un bidón).

– Medio litro de bebida isotónica en un bidón.

– 250 gramos de gominolas.

– 10 sobres de 10 gramos de azúcar.

– 2 barritas de 50 gramos.

– 5 galletas

– Material: frontal, pilas de recambio, botiquín, manta térmica, chubasquero, camiseta y calcetines de recambio, medidor e glucosa, tiras e insulina.

Iba a salir cargado de Segovia, pero también a medida que pasasen los kilómetros iría aligerando y se me haría algo mas llevadero. El agua era algo de lo que me daba miedo quedarme corto, pero como último recurso podría rellenar los bidones, y además corriendo de noche y con la previsión de temperaturas del sábado por la mañana el calor no iba a ser un gran problema.

A las 2:00 de la madrugada del sábado emprendí la ruta, a buen ritmo, motivado y con la idea de restar la mayor cantidad de kilómetros. A pesar de que había cenado dos veces, y que hacía varias horas que no me pinchaba insulina, al llegar a la altura de Torrecaballeros, pasada una hora y con aproximadamente 10 km recorridos me realizo el primer control de glucemia y veo que estoy bajo. De 344mg/dl con los que había salido de casa había pasado a 70! Me asusté un poco, pero mas que nada me resultaba cargante tener que empezar a comer para subir el nivel de azúcar.

A base de gominolas y de sorbos de bebida isotónica fuí manteniendo un nivel adecuado, aunque a partir de este punto ya no dejé de comer de manera regular durante todo el trayecto.

A punto de cumplir 4 horas de "fiesta"
A punto de cumplir 4 horas de “fiesta”

Las noche se hizo más larga y dura de lo que me esperaba. La música me acompañó durante unas cuentas horas, pero tuve que quitarme los cascos porque tenía la cabeza como un bombo. Lo que si que agradecí fue la inmensa luna que había, que dejaba en ridículo la luz que me daba el frontal. Seguí el guión marcado, caminos cerca de la carretera y los pueblos y evitando la montaña y terrenos más complicados.

El amanecer, en torno a las 8:00 de la mañana fue uno de los momento complicados. Si que es verdad que agradecía  que la noche hubiese acabado, pero también comenzaba a sentirme muy cansado. A la altura de Prádena, con casi 50 kilómetros en las piernas, paré a cambiarme los calcetines y a comer un puñado de gominolas tranquilamente. Ya de día y motivado por estar “ralativamente” cerca de Santo Tomé del puerto (unos 13 km) traté de subir a la montaña, con la intención de ir cresteando en vez de por la ladera. Tras un buen rato de subida, matorrales, piedras y una valla me hicieron cambiar de opinión y me tocó darme la vuelta y seguir por la ladera, “poniéndome en mi sitio” y dando un buen golpe a mi motivación.

El amanecer, impresionante
El amanecer, impresionante

Continué por una pista forestal que transcurría por la ladera y en el tramo entre Siguero y Sigueruelo me tocó pisar la carretera. Ojos como platos cuando veo acercarse una especie de vía crucis con una cruz enorme, banderas, gente descalza… mi primera reacción es frotarme los ojos y preguntarme si ya habría perdido definitivamente la cabeza.

Aprovechando que estaba en la carretera y que cuadraba en horario con dos amigos que iban camino de La Pinilla en coche, hice una pequeña parada para hablar un poco, echarme unas risas rápidas y plantearme lo bien que haría los kilómetros que me quedaban en el asiento de su coche. Cada uno siguió su camino y no cambié el coche por la comodidad de mis zapatillas.

¿Romería o he perdido la cabeza?
¿Romería o he perdido la cabeza?

Ya en Santo Tomé del Puerto, en torno a las 10 de la mañana, me cambié de camiseta, cambiando la térmica de manga larga para la noche, por una mas ligera y sin mangas y me pinché una ampolla que me había salido en un dedo en el pié izquiero, poca cosa . Pequeños detalles que cuando vas cansado se convierten en auténticos placeres!

Di cuenta de una barrita y apuré el agua y la isotónica que quedaba en los bidones. Ya solo me quedaba el camelbak para hacer frente al último tramo y a las horas de más calor, sin embargo todo iba según lo previsto y no estaba necesitando nada que no cargase yo.

Con 60 km recorridos y La Pinilla ya en el punto de mira me puse manos a la obra y empecé a restar kilómetros por una pista forestal que sale del pueblo y que conecta con la carretera de subida a la estación. Aunque estaba cansado y un poco agobiado por la hora (quería llegar antes de las 13:30), el camino era precioso y sin duda fue el tramo de la ruta que más disfruté.

Bien acompañado
Bien acompañado

Poco a poco notaba que me iba acercando cada vez más a mi destino, la diabetes estaba controlada y aún me quedaba comida y sobres de azúcar de sobra y tenía agua, lo único que me agobiaba era la hora, que ya si que se me estaba echando encima y el calor apretaba cada vez más. Con la idea de ganar altura y acortar distancia me metí en el bosque, pensando que al cobijo de los pinos también pasaría menos calor, sin embargo una vez dentro fue como apagar la luz. No sabía si subía o bajaba o iba hacia la derecha o izquierda, tan frondoso que lo difícil era no perderse, asique de nuevo me tocó rectificar y salir del bosque. Precisamente al volver al camino me encontré con un ciclista, que me acompañó durante un par de kilómetros y me indicó el camino para salir a la carretera, a partir de la cual solo quedaban unos 8 kilómetros.

Justo cuando me separé de él se me planteó un dilema, el “doble o nada”. a la izquierda, alejándome de La Pinilla, seguía el camino y llegaría al principio de la carretera. A mi derecha, un cortafuegos que subía, y aparentemente me acercaba. Considerando que si subía por el cortafuegos y cruzaba en diagonal llegaba directo me la jugué. Si me salia bien ahorraría tiempo y distancia y si me salía rana tampoco iba a perder mucho mas tiempo que el que iba a emplear en llegar a la carretera y subir por ahí.

El dilema del cortafuegos
El dilema del cortafuegos

A partir de aquí todo se parecía más a un raid de orientación que a otra cosa. Ya justo de agua, cansado, con sueño y sin mucha certeza de haber elegido el camino correcto me tocó arrastrarme debajo de alambradas, cruzar un río y saltar un muro de piedras, pero ya veía por fin los edificios de la estación, ya estaba ahí!
Llegamos!!!
Llegamos!!!

Con la idea de llegar a las 13:30 y mi reloj marcaba y 10, iba a llegar! aceleré la marcha, ya casi eufórico y deseando comer algo salado, harto de tanto azúcar y gominolas. A la una y media en punto estaba en los tornos de la estación, con puntualidad suiza, habiendo apurado el último trago de agua y con la satisfacción de haberlo conseguido. Un total de 11 horas y media repletas de aventuras, y en las que de nuevo, la diabetes no ha sido impedimento para conseguir lo que me propongo.

GLUCEMIAS:

-1:25 am: 344mg/dl

-2:50 am: 70mg/dl

-3:40 am: 102mg/dl

-4:25am: 128mg/dl

-6:15am: 116 mg/dl

-7:56am: 137mg/dl

-10:30am: 105mg/dl

-13:30: 72mg/dl