Crónica RTR Hoyo de Manzanares

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El pasado domingo 17 volvimos a las andadas. Primer trail del año, 17 km en el madrileño pueblo de Hoyo de Manzanares. La verdad que se nos ocurrió participar de forma un poco improvisada. Después de la Media de Segovia del fin de semana pasado, estos 17 km con poco más de 450 metros de desnivel positivo eran una buena ocasión de seguir cogiendo forma y velocidad.

Poco antes de las 9:45, con más de media hora de margen antes del inicio de la carrera ya estábamos en Hoyo, disfrutando de esos momentos previos (y nervios) a la carrera. Últimos cambios de ropa, ponerse el dorsal, calentar… esa rutina que uno, por mucho que la repita, nunca termina de hacerla sin algo de miedo por lo que se viene encima. Había desayunado una hora antes. Me había levantado con 69mg/dl y me había pinchado 5 unidades de Solostar. Para el desayuno, dos tostadas de pan integral con aceite, café con leche con dos cucharadas de azúcar moreno y ahora a poco menos de 10 minutos para la salida, un plátano. En principio, combustible de sobra para acabar, pero por si acaso, y después de los sustos de este invierno, me había echado al bolsillo 2 sobres de azúcar “por si aca”…

Ya he comentado que desde hace unos meses, después de haber perdido 5 kilos, noto que mi metabolismo ha cambiado. Además, en carrera ya no necesito comer ni beber tanto, lo cual es un alivio porque no tengo que ir tan cargado. Por el momento, las pruebas que he hecho en carrera este año, tanto aquí como en la Media, de salir simplente con el desayuno y en los avituallamientos beber un poco me han salido bien.

A las 10:30, y con el “I´ve got a feeling” de fondo, nos dan la salida conjunta a los participantes de 17 y 8 km. Rápidamente intento ponerme lo más alante posible, con un grupo que ha salido a velocidad endiablada. Cuando miro el GPS y veo que marca 3:30″ el km aprieto los dientes y me digo “Rock and Roll hasta que gripe!”. Cuando abandonamos el pueblo y empieza la pista forestal, el ritmo baja bastante, aunque sigue siendo alto. Calculo más o menos que habrá unas 50 personas por delante.

Con estas cosas de improvisar y no planificar las carreras, llego a la separación de las dos distancias y caigo en la cuenta de que mucha gente ha salido muy fuerte porque van a hacer la distancia “corta”, los que vamos a 17 ahora llevamos un ritmo diferente, aunque yo sigo con la sensación de que no voy a aguantar toda la carrera, sufriendo como un perro.

Al llegar al primer avituallamiento me paro para dar dos tragos de isotónico y recobrar el aliento. No voy en mala posición, al menos parece que voy a poder cumplir el objetivo de estar entre el 10% de cabeza. Salgo con energías renovadas y afrontamos la parte donde hay más desnivel en la prueba. El calor se empieza a notar, y los pies embarrados no hacen ninguna gracia, pero por el momento estoy aguantando bien. Los km van pasando, de glucemia debo estar bien, o al menos sigo sin notar síntoma de estar bajo. Llevo a pocos segundos por detrás a la primera chica y a un par de corredores más, cuyos pasos resuenan con una manada de búfalos. No quiero que me pasen, por aquello del amor propio, y sigo apretando los dientes. La verdad que estoy pudiendo ir a buen ritmo pero lo que es disfrutar de la carrera, poco.

Justo después del segundo avituallamiento, empieza la última subida. Ya empiezo a ir muy justo de fuerzas, pero aguanto. Me pasan dos corredores, pero sin que se me lleguen a ir del todo. Hacemos grupo y afrontamos los últimos km de bajada juntos, con un ritmo que se empieza a desbocar. A falta de 2 km, y para añadir alegría, el cordón de mi zapatilla izquierda se desata. Amante del riesgo y la adrenalina, ni se me pasa por la cabeza pararme a ataralo “que sea lo que dios quiera…”. Uno de los corredores que va conmigo esprinta justo antes de llegar al pueblo y no puedo seguirle, más que por el cordón,, porque mi corazón no da para más. Mantengo el ritmo y en cuanto pisamos asfalto otra vez, pongo las últimas fuerzas que me quedan en el asador. Cruzo la meta en 1:18, a poco más de 11 minutos del ganador y en el puesto 30 de la general, de 450 corredores. Ahora sí, empiezo a disfrutar de verdad del chute de endorfinas. Ah! y del trabajo bien hecho. 150mg/dl después de cruzar la meta. Estamos en buen camino 😉