Mal sabor de boca…

Ayer salí a entrenar después de comer, la intención era hacer un rodaje un poco mas largo llevando la mochila de carrera y bastante peso. Lo tenía planificado asique por la mañana bajé casi a la mitad la insulina lenta y no me puse ya mas a lo largo de todo el día (una jornada sin ejercicio me pincho después de cada comida).

Después de dos platos de macarrones que asustaban (de grandes, ricos estaban de sobra) esperé un poco y salí dirección a La Granja con 270mg/dl de azúcar en sangre. Media hora más tarde estaba en 68mg/dl, flojo de fuerzas, revuelto del estómago ante la idea de tener que comer gominolas, barritas o sobres de azúcar que llevaba, después de la comida que me había metido y algo preocupado de cara a los Ultras de este verano…

Buena sorpresa me lleve con esta "pequeña"
Buena sorpresa me lleve con esta “pequeña”

Mi intención es ir subiendo poco a poco de distancia y complejidad en las pruebas, y con la sensibilidad que tengo a la insulina cuando hago ejercicio, un Ultra implica que tengo que estar comiendo prácticamente de continuo para mantener el nivel de azúcar. El problema viene en lo cargado que tengo que salir en carrera y en el esfuerzo extra de correr con el estómago con comida todo el rato.

Ya el año pasado probé a ir reduciendo poco a poco la dosis de insulina antes de una carrera, y el día de la prueba bajarla al mínimo (una o dos unidades de superlenta, lo cual es 1/20 de lo que me pincho habitualmente) y aún así termino yendo siempre muy justo de azúcar durante la prueba. De cara a este año, el “as” que tengo en la manga es una estrategia de reducir aún mas la insulina, cuadrando bien el aporte de hidratos de carbono y los entrenamientos de antes de la carrera, para reducirla prácticamente al mínimo y ver que tal responde el cuerpo. Lo probaremos antes de las citas importantes, os tendré informados de cómo va!